Las nuevas cantoras

Las nuevas cantoras
Hay oficios en los que separar creación de aprendizaje resulta inconducente. En el canto enlazado a la tradición folclórica chilena, por ejemplo, la investigación, la composición, los talleres y la escritura, los viajes interregionales y las conversaciones con cultores mayores (en edad y en obra) son parte de una misma dinámica.


"Estudiar, crear, gestionar… no sé si pienso todo eso por separado", dice de pronto Natalia Contesse, y su entrecejo delata su extrañeza con buscar definiciones estancas. Cuatro discos (tres de ellos, solistas) que en nueve años la han llevado por los terrenos de la poesía, el canto tradicional, la realización audiovisual y, por ejemplo, los vínculos entre cueca y raíz africana son prueba de ese entretejido de intereses: "Mi ambición ha estado siempre atada a la palabra. A qué quiero comunicar y cómo hacerlo. Y eso va tomando diferentes formas y saberes".

"La creación es como el último eslabón de una cadena larga de quehaceres", ilustra Fabiola González, "La Chinganera", nativa de Concepción, con estudios de Música en la universidad de esa ciudad, y activa también en la cantautoría con dos discos propios y colaboraciones en montajes escénicos de diferente origen. Responde en plural, pensando en ella y sus compañeras en el canto:

—La nuestra es una tarea compleja, porque cargas con la mochila de la tradición de un pueblo. Entonces, si quieres meterte ahí tienes que conocer saberes mínimos, y eso lo vas ganando lentamente. Es un proceso largo y profundo, en el que no puedes trabajar completamente a solas. Debes estar en permanente contacto con el cultor natural, con el investigador, con el intérprete de raíz. Y si no los tienes cerca, pues salir a buscarlos.

Quizás por esa conciencia de estar insertas en una dinámica ancestral y colectiva, de transmisión oral y cuidado profundo por la palabra —tan diferente a la de, por ejemplo, sus pares en el pop—, muchas de las cantoras jóvenes hoy en actividad en Chile no se apuran por ponerle un nombre a su oficio. Se saben expuestas a malos entendidos, sobre todo en un período de fiestas patrias aún asociado a códigos de los que se sienten lejanas. Este fin de semana ha unido por primera vez sobre un escenario a cuatro de las más persistentes en ese cultivo de la tradición en cruce con nuevas ideas, pulsos y formas de divulgación; al margen de la dinámica huasa y de conjunto. Natalia Contesse, Fabiola González, Vasti Michel y Andrea Andreu levantaron así en Matucana 100 la "Primera Cumbre de Guitarra Traspuesta Chilena" —el concepto identifica un tipo de interpretación con afinaciones de guitarra diferentes a la convencional-, proyectando a mayor escala del habitual el trabajo en torno a la transmisión oral chilena. Desde una generación en común (las cuatro tienen entre 37 y 41 años) mantienen todas ellas un coincidente interés por un folclor que las seduce desde hace al menos dos décadas, que cruza su propia discografía y de cuya vigencia están convencidas.

"Uno dice ‘guitarra campesina’ y a la gente le da lata, porque se imagina canciones sobre el huaso, la espuela, la mujer que lava la ropa… y lo que hacemos está muy lejos de eso —aclara Fabiola González—. Es más bien un viaje a un Chile que no está en la palestra, que no es el de la cueca brava ni huasa; que es profundo y femenino, y que nos toca mostrar no según una lógica de espectáculo. Lo hacemos con gusto porque nosotras mismas alguna vez tuvimos que salir a buscarlo, nos enamoramos de él y lo dejamos con nosotras. En ese sentido, lo que mostramos sobre el escenario es una especie de clase".

Es folclor de riguroso apego a saberes ancestrales, pero que estas cuatro creadoras han dispuesto de acuerdo a enlaces de gestión adecuados a los ritmos de la ciudad y la promoción masiva, apurados por mensajes digitales, la producción de conciertos sin oficinas estables de representación, la supervisión personal del registro y puesta en circulación de sus discos, alianzas de colaboración diversas, a veces con músicos activos en áreas distantes.

Vasti Michel, por ejemplo, nativa y residente de la Región de La Araucanía, ha mostrado en vivo y en disco, propios y en colaboración, cruces con el blues, el jazz y hasta las secuencias electrónicas. Dice que, en su caso, la necesidad de transmisión de la raíz campesina "es casi visceral".

"Puede ser llamativo ver a mujeres coordinadas en proyectos así, porque la imagen más reconocible del folclor es acá la de los payadores y, por el lado de los estereotipos, la de los conjuntos folclóricos —reconoce Andrea Andreu, la autora con más estudios formales de las cuatro, y un tercer disco a punto de circular—, pero una tradición como la de la guitarra traspuesta ha sido esencialmente femenina, a través de las cantoras. Esto es parte de una transmisión centenaria, que hoy adoptamos y adaptamos a la realidad que existe. Es un doble esfuerzo, en ese sentido. En mi caso, asumo muchos de mis conciertos como espacios didácticos, y me apoyo en imágenes, videos, y así voy explicando las características de la cueca, la tonada, la guitarra traspuesta…".

Es otro concepto en torno a presentar música: lo propio y lo tradicional.

Sí, y hacerlo requiere convicción. Como trabajas con algo tan profundo y enraizado, la declaración de intereses tiene que ser super sólida.

Ocupadas en la investigación y divulgación de saberes centenarios, tal como antes que ellas lo estuvieron entre otras Margot Loyola (1918-2015), Gabriela Pizarro (1932-1999), Patricia Chavarría (n. 1946) y Violeta Parra (1917-1967), es curioso que en las celebraciones oficiales por el centenario de esta última creadora este cauce de creación y palabra femenina no aparezca incluido.

"Que no haya representación para quienes se relacionan en su oficio con el folclor es una tremenda carencia. Quedó como un puntito negro, creo yo; y quizás por eso mismo surge la necesidad de alianzas como la nuestra", compara Andrea Andreu. "A veces da la impresión de que se destaca la figura de Violeta Parra casi como rockstar: se habla mucho de que tenía un carácter fuerte, que iba de acá para allá… pero ella misma dijo que es Chile el mejor libro sobre folclor que se ha escrito, y si ese libro no está representado… es raro".

Entre búsquedas artísticas, intelectuales y personales, a Natalia Contesse la golpeó un día en su adultez una incomodidad fundamental: "Me di cuenta de que me sentía huérfana de linaje, de lenguaje… una inquietud como ¿qué híbrido soy?".

Se afirmó entonces en ella una decisión, que hace al menos una década alinea su gusto por la poesía y el canto con indagaciones profundas en la oralidad, las raíces de diferentes culturas (la campesina-chilena y también la afroamericana, por ejemplo) y el entramado de los oficios artesanales. "Si me dicen cantante, cantora, compositora, cancionista… cantinflas, de repente (sonríe), me da lo mismo", zanja, sin ansiedad. "He aprendido muchas cosas de la cultura tradicional y del folclor, pero no me siento una folclorista. Tomo ideas, saberes, reflexiones y las llevo a una creación mía; más popular, por decirlo así".

En torno a su discografía, Contesse afirma un minucioso trabajo de gestión y de enlaces, a veces con investigadores de diversas especialidades, a veces con músicos jóvenes con los que cruza fuentes para los arreglos de sus composiciones. Ha levantado así conciertos poderosos, como el que el mes pasado llevó junto a 14 músicos su tercer y nuevo disco Diluvio al Teatro Nescafé de las Artes; y también el ejercicio persistente de La Carpa de los Oficios, un proyecto ideado por ella y la ceramista Marien Leible para la transmisión de saberes relacionados a la cultura tradicional chilena (alfarería, creación de volantines, torno y modelado, xilografía, lira popular, cestería), y acogido a un orden de talleres en la Escuela Chilena de Folclor y Oficios, que funciona en un departamento de la Municipalidad de La Reina.

"(El investigador en poesía popular) Fidel Sepúlveda tiene una frase que habla de la cantora como un ser que está inmerso en otro tiempo; en el tiempo de la contemplación. Es algo que me ha cruzado siempre, porque creo que es desde la contemplación que nacen las artes y los oficios. Y ahí veo un vínculo muy fuerte entre chamanismo y cultura tradicional, entre palabra y convicciones. Son tradiciones que te comparten una filosofía de vida".

Una cueca: "Toda música responde / al alma de un territorio / enlaces de historia y piedras, el resto es solo envoltorio. / Cada aliento de un pueblo / da una canción / y allí el canto responde: cosmovisión. / Cosmovisión, mi alma, / tierra y entraña / de mi propia cultura, / ¿soy una extraña? / Traducir este suelo / ¡es lo que quiero!

Discografía: Vena Raíz (2008, junto al grupo Vena Raíz), Puñado de tierra (2011), Corra la voz (2013) y Diluvio (2017).

Próximo concierto: sábado 23 de septiembre, 20 horas, Centro GAM, Santiago. Más: www.nataliacontesse.cl

Le ha sucedido a Fabiola González llegar al lugar de una presentación para la que ha sido contratada y que la miren con perplejidad: "¿Y tú eres La Chinganera?", le dicen. "Pensé que ibas a ser una señora mayor, con vestido…".

El malentendido no es el suyo puntual, sino el de toda una tradición que esta nativa de Concepción insiste en defender desde que comenzó a encauzar en sus propias composiciones y en sus estudios universitarios de música una tradición que tuvo a la mano cuando crecía en zonas rurales de la Octava Región. Su quehacer —ordenado ya en dos discos y en una constante agenda en vivo— podría estar inscrito en la amplificación de saberes compartidos, pero incluso tradiciones centenarias como la de la décima y la guitarra traspuesta exigen una introducción didáctica en un país que no las integra a su educación básica, se lamenta: "Es una pena tener que aclararlo; explicar que lo que suele entenderse por folclor y cueca usualmente no sigue las lecciones de la oralidad, y eso pasa por lo alejados que estamos de la verdad de nuestra cultura. No es un asunto de talento, sino de conciencia. Para dedicarte a algo tienes que conocerlo, y por eso yo hago esto desde el máximo rigor. La tradición me parece algo serio".

Por supuesto que no lo es. Somos mujeres en una transición, atentas al campo con los ritmos de la ciudad, y estoy convencida de que estamos llevando a cabo un trabajo artístico-escénico pionero, que será muy influyente para la raíz del canto chileno. Lo que yo muestro tiene que ver con mi vida, con componer canciones en guitarra traspuesta y que a la vez me guste Chico Buarque, por ejemplo. Las postales no me interesan.

Una décima: "Un Guitarrón me sopló / la voz del entendimiento / me silbó el conocimiento / que la tradición dejó. / La Guitarra me envolvió / con su traspuesto toquío/ la Cueca con su tañío / me embriagó de cuerpo entero. / Guitarra, verso y pandero / son los fundamentos míos".

Discografía: La Chinganera (2008), Todas íbamos a ser Violeta (2014).

Próxima presentación: domingo 17 de septiembre, escenario central del Parque O’Higgins. Más: www.lachinganera.cl

Haber estudiado para ser profesora (tiene un título universitario en educación diferencial) y a la vez ser hija de maestra instaló naturalmente en Vasti Michel la idea de un trabajo que ella describe como "de catapulta desde el acervo". En su caso, la fuente no han sido los saberes de libros, sino la tradición oral: "Es un interés espontáneo en mí, casi visceral. Como un caudal que retoma su flujo", asegura.

Cuando en 1994 la nativa de Traiguén asistió a un encuentro de cantoras en Portezuelo, su vocación por el canto sufrió una transformación radical. Se expuso de golpe a nuevas formas de interpretación y afinaciones de guitarra (los llamados "finares"), a otra poesía y un compromiso que hasta entonces no conocía hacia la divulgación de un saber en común: "Te lo pueden contar, pero no es lo mismo que vivirlo. No podía creer lo que veía. Fue un impacto primario, físico, orgánico y de resonancia, que me hizo darme cuenta que uno es un simple instrumento de esta enorme tradición. Nunca más me separé de los payadores y las cantoras, y seguí yendo a los encuentros en el sur, de los que está lleno. He bebido de estos maestros… intensamente".

Recién a los 30 años, instalada por un tiempo en Santiago, Vasti Michel se largó con composiciones propias, ordenadas hasta ahora en tres discos e infinidad de colaboraciones. Es una creadora que no le teme al cruce ni a la exploración de avanzada, y que integra entre sus influencias a la ranchera que sonaba en la única radio AM a la mano en su infancia sureña, al compromiso político de los adultos a su lado y a las jóvenes con oficio en la música electrónica que cuenta que hoy la buscan para trabajos en conjunto.

Es parte de un mismo esfuerzo colectivo, estima ella: "No soy cantante, sino cantora, porque pertenezco a una comunidad".

Una estrofa: "Este canto que te traigo, te será muy familiar / pertenece a las cantoras, y es del canto popular. / No conoce las espuelas: es la pura tradición / de la tierra cuando canta / lo profundo’el corazón".

Discografía: De tierras y asfaltos (2009), Viento verde (2010), Pensamiento i frecuencia (2012).

Próxima presentación: viernes 23 de septiembre, Festival Sonora Santiago. Ciclo Internacional de Compositoras.

De las cuatro protagonistas de esta nota, Andrea Andreu ostenta la mayor cantidad de títulos universitarios. En rigor, no los ostenta, pero están ahí para consulta en su currículo: Licenciada en Teoría de la Música (U. de Chile), Licenciada y Profesora de Educación Musical (U. Mayor) y Magíster en Música con mención en Cultura Tradicional (U. Mayor); además de estudios de técnica vocal en la U. ARCIS, en el Taller de Músicas de Barcelona, y en enseñanzas particulares con Margot Loyola, el Premio Nacional de Artes a quien considera su gran maestra.

"Margot Loyola defendía la relación entre oralidad y academia como si fuesen amoríos entre Capuletos y Montescos", cuenta y sonríe. "Creía que la academia debía estar en función de los saberes populares, y ocupar sus herramientas para acceder a ellos, sin que compitiesen ni entrasen en conflicto. Me enseñó que ambas dimensiones pueden convivir, y así me fui entrenando, estudiando mucho, pero sin perder el foco de que la importancia está en el saber popular. Todos quienes nos dedicamos a la creación folclórica, investigamos".

Cantautora e intérprete de música de raíz, Andreu ha tenido una relación larga y de profunda búsqueda en torno a la guitarra chilena, a partir de la cual desarrolla composiciones y presentaciones (con músicos acompañantes) que muchas veces cruzan al territorio nacional casi completo (tonadas, cuecas, ritmos nortinos, canciones). Habla, por eso, de una creación en torno al paisaje sonoro tradicional de Chile: "Son búsquedas y letras sobre el hoy que quedan registradas para un futuro, y que quizás sean referidas así como uno ahora va para atrás en búsqueda de oficios, versos y sonidos antiguos para entender el proceso que hoy se vive".

Una décima: "La Guitarra que yo toco / es herencia del ayer, / es sonido del mester / y es gran vicio de los locos. / Es saber de más que pocos / que con sabia y gran esmero / sostuvieron los copleros / en los versos populares, / cuatro, cinco y seis cantares / aún vibran por los senderos".

Discografía: Margot y Violeta (2011), Legado (2012), Raíz (2017).

Próxima presentación: domingo 29 de octubre, 12 horas, sala Anahuac del Cerro San Cristóbal.

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