Opinión: Rabia evangélica, otro triunfo de la derecha

Opinión: Rabia evangélica, otro triunfo de la derecha
El conflicto entre parte importante del mundo evangélico y el Gobierno ha sido tal vez uno de los grandes temas de la última semana. Esto, debido a la forma en que fue tratada Michelle Bachelet en el Te Deum del sector religioso, en donde se le gritó una serie de improperios por haber impulsado la ley de aborto en tres causales.


Luego de este hecho, dos importantes teorías se han conocido al respecto; mientras algunos creen que esto fue algo pensado por la derecha, otros simplemente lo ven como una evidencia clara de la poca sintonía del progresismo con "lo popular".

Si somos claros, hay algo de ambas cosas. O mejor dicho: hay mucho de muchas cosas en lo sucedido por estos días. Evidentemente, si es que abrimos bien los ojos, podemos ver una influencia de la derecha en las reacciones del pasado fin de semana. Pero no en el sentido simplón de una conspiración hecha entre cuatro paredes, horas antes de que comenzara el evento religioso. No. Eso sería subestimar la fuerza ideológica y el trabajo político del adversario, lo que puede llevar a no saber cómo enfrentarlo.

Lo que quiero señalar, en cambio, es que la primera teoría señalada nos podría conectar de inmediato con la segunda, ya que no hay sólo un trabajo de la derecha parlamentaria, sino también un gran esfuerzo de un relato hegemónico, más profundo, que fue capaz de aprovecharse de la poca politización de la izquierda en sectores populares.

Mientras la política desapareció en estos lugares, la religión y el mercado abundaron. Por esto el que el ciudadano medio y bajo comenzó a unir dos vertientes propias del sistema chileno, convirtiéndose así en un conservador moral y consumista de primer orden, aunque no tuviera los medios suficientes para adquirir lo que quiere sin endeudarse. Una vez despojados de la conciencia de clase, lo único que quedaba era buscar respuestas en otras partes.

Esto en la izquierda no lo entendieron. Vieron atónitos cómo el rival ideológico creó a un hombre realmente nuevo, con necesidades que se alejaban a sus ideas. No supieron de qué manera cambiarlo, se olvidaron de crearle otra realidad y de recordarle sus objetivos en una sociedad de clases como la nuestra. Se olvidaron de plantearles sus propósitos históricos y, en cambio, se dedicaron a hablar de unidad, de "acuerdos" y de una serie de cosas que alimentaban al nuevo ciudadano formado por la desregulación mercantil.

Es cierto, nunca se puede convencer a todos. Cierto también es que nada puede enorgullecer más a un progresista que los gritos de un fanático le reafirmen que lo que está haciendo va por el camino correcto. Y en cierto sentido eso podría hinchar el pecho de Bachelet de satisfacción por el deber cumplido; sin embargo, el grave error es no haber explicado en qué consistían medidas como la despenalización del aborto en tres causales a la ciudadanía. No haber creado un sujeto popular que entendiera que había algo de justicia social en esa iniciativa legislativa que hoy se convirtió en ley.

¿Qué hacer hacia adelante? Lo más responsable sería sacar conclusiones de lo sucedido. Si bien algo se ha logrado en materia de derechos reproductivos, lo concreto es que en materia ideológico se sigue perdiendo.

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