¿Por qué no votan los chilenos?

¿Por qué no votan los chilenos?
En 1988, el 90% de los chilenos mayores de 18 años votó en el plebiscito. En 2009 por ejemplo, fue a votar solo el 63% de los inscritos. En las últimas elecciones de 2016, el panorama no fue muy alentador. De cerca de 14 millones de chilenos inscritos para elegir a los alcaldes y concejales de 345 comunas en todo el país, solo un 34% de ellos votó (ya bajo la modalidad de voto voluntario). Y para las elecciones que se avecinan se espera una situación similar. Si bien el escenario electoral ha cambiado, de un sistema con inscripción voluntaria y participación obligatoria a otro de inscripción automática a voto voluntario, no se han producido cambios y hace décadas que en Chile se aprecia una caída progresiva en la participación electoral, que se mantiene hasta hoy.En 2016, un estudio del PNUD señaló que la principal razón de las personas para no votar es el "desinterés con la política". Pero, ¿cuáles son los motivos para no votar? Un estudio de la Escuela de Ciencia Política de la U. Diego Portales, el Núcleo Milenio Desafíos a la Representación y la Consultora Subjetiva, indagó a través de entrevistas los principales motivos.


"Mi mamá me decía ‘anda a votar’, yo era chica y todos, hasta mi abuelito, iban a votar, y de repente vemos que la alegría no llegó", dice uno de los testimonios del estudio de la Escuela de Ciencia Política de la U. Diego Portales (UDP), el Núcleo Milenio Desafíos a la Representación y Consultora Subjetiva."Existe la percepción de que la alegría no llegó", señala Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política de la U. Diego Portales. Se aprecia un fuerte desencanto respecto de la promesa original del retorno a la democracia, que nace por la sensación de que el Estado se preocupó de los pobres y los ricos solucionan sus problemas por su cuenta, "y el resto, al que está entremedio, no le llegaron los beneficios materiales", dice Fuentes. Entre quienes no votan, sus discursos muestran que todo lo han obtenido por su propio esfuerzo y están satisfechos por sus logros. "Es una sensación del individualismo al máximo, y dicen que ‘si nadie me ha ayudado, para qué ir a votar’", dice Claudio Fuentes. La "alegría" tenía que ver con la recuperación de la democracia, explica Sergio España, de la Consultora Subjetiva, pero sienten que no les llegaron los beneficios. "Es ahí donde nacen frases como ‘para qué ir a votar si no me involucran’, para ellos todo lo que se ha hecho es fruto del esfuerzo".

Al analizar el discurso asociado a las razones por las cuales las personas no van a votar, salta a la vista una gran frustración con el sistema político. Un sistema al cual se le demanda escuchar, pero no lo hace, indica Claudio Fuentes, académico UDP. "Consideran que el sistema político genera mecanismos de escucha, pero que después las decisiones son tomadas en otro lugar", resalta. Eso pasa, dicen los entrevistados, a nivel local desde los municipios, como a nivel global."Es como cuando les dicen a los niños ‘a ver niños, ¿qué opinan ustedes?’, y en el fondo los papás ya decidieron. Y lo dicen para que los niños tengan un ‘te toman en cuenta’", dice un ejemplo de esa visión que el estudio muestra.Si las personas quieren ser escuchadas, las políticas públicas deberían considerar ese aspecto, sostiene Sergio España, de la Consultora Subjetiva. "Desde la discusión de dónde se quiere poner el paradero, se puede considerar la participación de las personas, porque mientras no se vean involucradas no van a participar", señala.Pero los mecanismos que existen de participación son percibidos como un ejercicio vacío, más que como un proceso efectivo de escucha, retroalimentación y decisión. "Pierden efectividad las marchas, sirven para el desahogo, pero no para logros", detalla el estudio.

Si no votan, es por la ausencia de liderazgo. El estudio comprobó un fuerte rechazo hacia la clase política.¿Cómo es el líder que esperan? "Debe saber escuchar, como Eli de Caso y Eva Gómez, ellos sabrían escuchar. ‘La Jueza’ de Chilevisión es directa, las paradas de carro que hace", dice uno de los testimonios del estudio.Fue difícil que las personas nombraran políticos, comenta Sergio España, de la Consultora Subjetiva. Predominaron, en cambio, figuras mediáticas. "Es tal el nivel de rabia y frustración, que nadie encuentra atributos en los políticos", comenta. Buscan alguien que los escuche, que sienta, dice Claudio Fuentes, académico UDP. Todas habilidades blandas. Después detallan cualidades como alguien que piense o que hable adecuadamente.Existe además una concepción mercantil del voto. Si no reciben ningún beneficio directo no votan, dice Fuentes: "Es un mercado, más que un interés cívico republicano".La crítica a la política no es algo casual y surge desde el mismo sistema político, agrega Octavio Avendaño, cientista político y académico de la U. Alberto Hurtado. "Parte con fenómenos antipolíticos de críticas a cómo se conduce la política, y se intenta poner una lógica y gestión que no está relacionada con los partidos sino con cómo se maneja una empresa".

Las personas que no votan, señala el estudio, no ven instancias de participación democráticas que se traduzcan en compromisos efectivos."Les preguntan la opinión, pero saben que no los van a considerar", indica Sergio España, de la Consultora Subjetiva. Una demanda que además se traduce en que piden todo al 100 por ciento, aclara España. "Se trata de un votante consumidor que quiere todo rápido y ya".Que se sientan escuchados, no es un tema que se solucione con campañas. "El problema es generar esos espacios de participación. De las políticas públicas que hay en Chile, ¿cuáles consideran la participación como algo que no sea un mero trámite?", cuestiona España. Resultados que generan una reflexión adicional, dice Octavio Avendaño, cientista político y académico de la Universidad Alberto Hurtado. Entre quienes dicen estar desencantados con la clase política después de la transición, habría que ver si están dispuestos a participar en otro tipo de instancias. Frente a sus críticas a la política surge la inquietud de cómo se canaliza esa crítica, indica Avendaño.

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