Por: Fernando Solabarrieta Loco Loco

Por: Fernando Solabarrieta Loco Loco
Eso parece. El actual momento que vive una de las instituciones más populares e importantes del país se asemeja más a un estado de absurdo y enajenación que a otra cosa. Desorden, desprolijidad, guerras internas, decisiones sin sentido y errores permanentes. Referentes echados, lesionados crónicos contratados y luego indemnizados, títulos perdidos, renovaciones sospechosas y sin sentido. Goleadas en contra, vueltas olímpicas frustradas, paranoia, ruda. Todo demasiado mal hecho.


Tanto que más de alguno puede pensar que esto no es casualidad. Que tanta incapacidad no es posible explicarla por sí sola, sino sirviendo a otros intereses, más bien particulares. No me consta. No por lo menos en lo más alto. Sí puede estar ocurriendo en estamentos medios que aprovechan tamaño desorden para servir sus propias motivaciones. Es uno de los tantos daños añadidos a este Colo Colo que se cae a pedazos por un grupo de gente que es capaz de ignorar su historia y su grandeza para anteponer el poder, el orgullo y la vanidad.

Esta semana observamos un nuevo capítulo vergonzoso de esta historia reciente e irrespetuosa. Después de perder por goleada con La Serena, un equipo de la B, el gerente técnico Óscar Meneses tuvo que dar explicaciones debido a que su principal refuerzo, presentado hace casi un mes, todavía no estaba habilitado para jugar, ni lo estaría. Las excusas y justificaciones, tan ridículas como impresentables, fueron la gota que rebasó el vaso. Una comisión de fútbol igual de errática que el cuestionado, decidió cesarlo y terminar así con una acumulación de yerros iniciada al momento de tomar la decisión de contratarlo. La confusa e inapropiada relación con el representante de jugadores Leonardo Cauteruchi, los pésimos refuerzos, las malas declaraciones, la curiosa renovación de Paulo Garcés fueron demasiados elementos en contra a la hora de la evaluación. No podía continuar.

Pero Meneses no es el mal que aqueja a Colo Colo, es apenas un molesto síntoma que refleja causas mucho más profundas. Que tienen que ver con una sociedad anónima cada vez más alejada del origen de la institución que quiere administrar. Ajena a su historia, lejana a la pasión de sus hinchas, que son continuamente despreciados. Colo Colo, que era la mejor y más transversal expresión del pueblo, hoy es un escenario donde personas con mucho dinero e inmensa vanidad se disputan el poder. Contra el tránsito de su historia, interpretando de la peor manera su esencia. Leyéndola completamente al revés.

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